“Soy más maduro que antes, pero sigo manteniendo mi esencia”: Dalex y el reconocerse a uno mismo para evolucionar

Desde el fin de la pandemia, hacia 2021, la industria musical parece haberse acelerado aún más. El ritmo es vertiginoso y la sensación de urgencia permanente, haciendo que quien no se adapte se quede atrás. En ese escenario, frenar suele verse como un riesgo innecesario. Sin embargo, hay casos en los que parar es un gesto de lucidez más que de incertidumbre, y eso es algo que Dalex tiene claro.

Criado en Puerto Rico aunque nacido en Filadelfia, Dalex —nombre artístico de Pedro David Daleccio Torres— construyó su camino lejos de atajos. Antes de los escenarios y las listas globales, fue barbero, una profesión que durante años le permitió sostenerse mientras daba sus primeros pasos en la música. Entre estudios rentados por horas y canciones compartidas en plataformas digitales, fue puliendo un estilo que comenzó a tomar forma en el dúo Jayma y Dalex y que, más tarde, encontraría su verdadera voz en solitario.

Su propuesta iba completamente en contra de lo que se estaba posicionando en la industria, apostando por canciones lentas con un gran componente melódico y ritmos más cercanos al R&B y al dancehall que al reggaetón mainstream en sí. El reconocimiento llegó rápido, pero no de manera superficial: éxitos virales, discos certificados, colaboraciones con grandes artistas y un lugar propio dentro de la escena urbana. Hoy, tras una década de carrera y en el comienzo de una nueva etapa creativa marcada por la pausa y la reflexión, Dalex parece entender que crecer no siempre implica acelerar, sino que, como él mismo demuestra, también consiste en detenerse, mirar hacia atrás y decidir con claridad hacia dónde seguir.

“Soy un artista al que no le interesa repetirse, sino explorar conceptos distintos”, explica Dalex. Desde el lanzamiento de su primer álbum, Climaxxx (2019), el puertorriqueño ha intentado moverse fuera de las fórmulas dominantes del urbano, explorando sonidos que conectan de forma más directa con su identidad artística. “Quería que los proyectos que vinieran después no sonaran como una repetición del primero, sino como una evolución dentro de mi propio estilo”, añade.

Su segundo álbum, Unisex (2021), terminó de confirmar esa búsqueda constante de evolución de la mano de grandes nombres como Rauw Alejandro y Zion & Lennox. El disco no solo amplió su alcance comercial, sino que reforzó una identidad que se alejaba de la inmediatez para apostar por matices, melodía y sensibilidad, una línea que continuó desarrollando en los años siguientes. En 2023 volvió a mirar hacia las raíces del género con el EP Reggaetón Sex, un trabajo inspirado en los sonidos urbanos de los años 2000 que reafirmó su propuesta sensual pero nostálgica. Al año siguiente, su participación en The Academy: Segunda Misión —junto a Dímelo Flow, Sech, Justin Quiles y Lenny Tavárez— lo consolidó como parte de una de las corrientes creativas más relevantes de la escena, confirmando que su lugar no dependía de modas pasajeras.

Así, entre altos, bajos y mucha reflexión, el 2025 llegó como el comienzo de una nueva era para el cantante de la mano de Serving Sounds, su nueva disquera. “En este momento estoy trabajando con un equipo que a la hora de crear música, siento que confían en mi talento, en mi visión y en lo que propongo. Eso me ha dado la libertad para crear el tipo de música que realmente quiero hacer”, explica.

En ese contexto nace RED ROOM, un EP que profundiza en su faceta más íntima y sensual. “Son temas de R&B para disfrutar en momentos íntimos, ya sea con tu pareja o con quien estés”, cuenta el artista, quien aclara que incluso dentro de ese marco busca evitar la repetición. “Me gusta variar, mezclar R&B con reggaetón, con dancehall o con trap, pero siempre manteniendo esa esencia y buscando hacer cosas diferentes”. Más que un simple lanzamiento, el proyecto funciona como la síntesis de una carrera marcada por la exploración y como la puerta de entrada a un regreso pensado, consciente y fiel a quien es hoy Dalex.

En el proyecto, el artista lleva esa búsqueda un paso más allá y la convierte en un ejercicio de introspección. Para él, la música sigue siendo, ante todo, una forma de desahogo. “Cuando uno se desahoga es cuando sale la mejor música, la que realmente conecta con el público”, explica. Esa necesidad de conexión emocional atraviesa todo el trabajo y funciona como su eje conceptual: canciones pensadas no solo para escucharse, sino para sentirse y revivir emociones a través de ellas.

Aunque el EP no responde a una historia lineal estricta, sí existe una coherencia emocional. Muchas de las canciones parten de experiencias personales, mientras que otras nacen del intercambio creativo en el estudio. “Hay temas que son cosas que yo he vivido y otros que surgen de ideas de los compositores con los que trabajo. Al final, todo se mezcla para que la gente se conecte con los temas”, señala. Ese cruce entre vivencias propias y miradas externas amplía el universo del EP sin diluir su identidad.

El proceso de composición también refleja esa lógica colectiva, pero con Dalex siempre involucrado desde el origen. “Me gusta trabajar en conjunto desde cero: escuchar el ritmo, sacar melodías, tararear y después ponerle letra. En todos mis temas participo en la escritura para que no se pierda mi esencia”, afirma. Una filosofía que se extiende al plano visual, donde la sensualidad sigue siendo un elemento central, aunque tratada desde un lugar más cuidado. “Busco algo sensual pero artístico, que no se vaya a lo vulgar. Ahora la idea es llevar eso a un nivel más fino y más profesional”, concluye, marcando así el tono estético de esta nueva etapa.

Sin embargo, RED ROOM no marca el primer lanzamiento de esta nueva etapa. Antes llegó ‘Honguito’, el sencillo que funciona como carta de presentación del nuevo Dalex y en el que además se une a Farruko. La canción nació en un campamento creativo realizado un año atrás y, desde su origen, tuvo claro su rumbo. “Para la intro usé un pedacito de una canción vieja de Farruko que fue un éxito hace más de diez años. Desde que creé el tema me encantó”, recuerda. El resultado es un cruce entre dancehall y R&B que conserva su identidad, pero la proyecta hacia otro lugar. “Suena diferente, más fresco. No se va muy lejos de lo que es Dalex, pero es la versión upgrade”, explica.

La elección de Farruko no fue casual. Además del guiño musical, existe una relación previa de respeto y cercanía. “Como usé ese pedacito de él, fue el primero que se me vino a la mente para colaborar. Cuando se la envié me dijo que de una y se montó”, cuenta. Así, mientras terminaba de darle forma a esta etapa, Dalex tuvo claro que ese debía ser el punto de partida: una canción que condensa su esencia, dialoga con su pasado y abre la puerta al presente creativo que hoy empieza a desplegarse.

El tema llegó acompañado de un video que refuerza esa mezcla entre sensualidad y calle que define este regreso. Rodado en Medellín y dirigido por Motta, un realizador local, el clip apuesta por una estética orgánica y cercana. El cantante decidió correrse del centro creativo y confiar en la visión del director. “Le enseñé el tema y lo dejé fluir. Es un chamaco joven, con otra perspectiva, y siempre me gusta rodearme de ideas nuevas”, cuenta. El resultado fue una puesta en escena que se aleja del estudio de grabación para instalarse en espacios reales, con la Comuna 13 como escenario y sus habitantes como parte del paisaje. “Hay gente normal, de barrio, eso hace que cualquiera pueda verse reflejado”, explica. La fiesta, las calles y la presencia femenina completan una narrativa visual que no busca exagerar, sino acompañar el espíritu de la canción y anclarla a un contexto auténtico, reconocible y vivo.

Esa mirada atenta hacia lo nuevo también se proyecta en lo que viene después de RED ROOM. Entre los próximos lanzamientos aparece una colaboración con El Bogueto, una decisión que vuelve a subrayar el interés de Dalex por los movimientos emergentes del género. El primer acercamiento ocurrió en México, casi de manera casual. “Siempre me gusta preguntar quién está rompiendo entre los chamaquitos nuevos, quién le está metiendo de verdad”, cuenta. Al escuchar su música, algo hizo clic de inmediato. “Me gustó su color de voz y, sobre todo, que está haciendo un reggaetón que ni siquiera en Puerto Rico se está haciendo ahora mismo”. La conexión fue rápida: propuesta, estudio y grabación. Para él, sumar nuevas voces no es una estrategia, sino una necesidad creativa. “Me gustan las ideas frescas, los talentos nuevos. Eso es lo que me aporta: otro oído, otro sonido”, resume.

Lejos de marcar una ruptura con su pasado, esta etapa dialoga constantemente con el artista que definió una generación con su música. Dalex lo tiene claro: la esencia no se negocia, pero sí se transforma. “Sigo siendo Dalex, la misma persona, pero más maduro musical y personalmente”, afirma. Con los años llegaron nuevas herramientas, más seguridad en el estudio y una mayor capacidad para explorar armonías, letras y estructuras que antes parecían inalcanzables. “Hay cosas que el Dalex de antes ya hizo. Ahora quiero hacer las que todavía no”, explica, sin perder de vista aquello que lo conectó con su público desde el inicio.

Esa conexión, precisamente, es el verdadero objetivo de este nuevo capítulo. Más allá de números, playlists o momentos virales, Dalex busca construir algo más duradero. “Quiero conectar con gente que se identifique con lo que canto, no solo con una canción pegada”, que el vínculo trascienda la música y se vuelva personal. RED ROOM no es solo un EP ni un regreso calculado: es una declaración de intenciones. La de un artista que entendió que evolucionar no siempre significa correr más rápido, sino saber cuándo parar, mirar hacia adentro y volver con algo que, esta vez, sea completamente propio.

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