6 razones por las que amamos a “Heated Rivalry”, la serie del momento

Edits de escenas con canciones de Miranda!, gente que se junta a ver los episodios en vivo y se graba festejando un “Te amo”, frases bordadas en remeras, el shippeo a los actores principales como tema constante en X, actores famosos contando que quedaron en shock con el programa. Heated Rivalry, la serie sobre el romance secreto entre dos jugadores de hockey sobre hielo, está sacudiendo las redes sociales desde que se estrenó en Canadá a finales de noviembre del año pasado, y en las últimas semanas, especialmente en Latinoamérica. Aún no fue estrenada de forma oficial en esta región, pero es una de las más buscadas en Stremio. 

La serie, escrita y dirigida por Jacob Tierney, caló profundo entre el público femenino, además del público gay, con escenas eróticas dignas de una soft porn. Tal es así que, durante la noche del domingo en la premiación de los Golden Globes, la pareja protagonista, Hudson Williams (Shane Hollander, en la historia) y Connor Storrie (Ilya Rozanov), antes de entregar el premio a la mejor actriz de reparto, preguntaron en chiste al público si habían visto la serie y dijeron que seguramanete sus madres e hijas “ya lo habían hecho”. 

Pero primero, antes de adentrarnos en los detalles de la ficción, es importante recordar que las mujeres consumen (y bastante) contenido erótico/porno gay: según Pornhub, son el 47% del público de este tipo de producciones. Y sumado a esto, cabe mencionar que Heated Rivalry está basada en la serie de libros Game Changers de Rachel Reid, que tuvo su origen en Wattpad, donde sus lectoras principalmente fueron y son mujeres. Según Variety, el director declaró sobre la estrategia de difusión: “No tenemos que promocionar esto entre los gays, solo tenemos que asegurarnos de que les guste a las mujeres que aman los libros. Los gays lo encontrarán rápidamente”.

A continuación, seis razones para amar la serie, si aún no lo hiciste.

1. Enemies to lovers

La narrativa que enfrenta a dos enemigos acérrimos, en este caso a los líderes del clásico de la NHL, Montreal versus Boston, que se enamoran, es imbatible. Desde Orgullo y prejuicio en adelante se confirma la regla. Nos atrae la imposibilidad del vínculo entre el ruso y el canadiense, en este caso, sumado a lo hot de verlos golpearse contra el vidrio que los separa del público con la misma intensidad con la que se encuentran en la cama. También es cierto que los montajes paralelos son un poco obvios a veces, pero también ayudan a que no te despegues de la pantalla durante los seis escasos episodios que dura la serie. 

2. Los roles que cambian

Hay algo bastante fresco en correrse de los clásicos roles de las parejas heterosexuales en las historias de amor. Los millennials hemos visto telenovelas desde que nacimos: las mexicanas, las colombianas, las argentinas, luego las brasileñas y finalmente, las turcas. Las vueltas de tuerca de la trama con embarazos forzados, que la mujer protagonista se vuelva loca y la internen, o que, de repente, alguien se quede ciego…  En las narraciones tradicionales de televisión, los roles siempre son asimétricos: hay un héroe varón que siempre salva a la chica de la pobreza, de la locura, de la familia tóxica. En las historias más actuales los varones reflexionan, son sensibles, son el antihéroe, ya no son el príncipe perfecto, pero siempre hay una mujer que espera. Estas historias se erigen en relaciones de poder donde no existe la paridad. 

    Aquí, Ilya Rozanov y Shane Hollander viven otra historia. Rozanov es el desenfadado, gracioso y liviano y Hollander es el tímido, el que reflexiona más, el que parece que nunca va a salir del closet. Aun así, estos roles cambian cuando la historia avanza: Hollander sale del cascarón, acepta que es gay y que algo parecido al amor nace de él, e Ilya se enamora y deja de fluir livianamente. Son pares jugando al hockey: no hay príncipes azules. Rozanov, de carácter decidido, pero con issues, no lo salva a Hollander de nada. Nadie es el salvador aquí. Se agradece.

    3. La representación femenina

    En la serie hay cuatro personajes mujeres, cada una es clave para los protagonistas. Afortunadamente, no están diciéndoles a los protagonistas que son un “desperdicio” por ser gays. Son confidentes, dan una mano. Una es la madre de Shane, que funciona casi como su representante, la segunda es Svetlana, la amiga que siempre está para Ilya, la tercera  es Elena, amiga de Kip (protagonista de la otra pareja gay de la historia), y la cuarta es Rose Landry, la actriz que sale con Shane hasta que se da cuenta de que es gay. Todas terminan de algún modo como aliadas de nuestros protagonistas, ni como un estorbo, ni en el lugar de intentar cambiarlos. 

    4. Los actores amados

    Hudson Williams y Connor Storrie son dos adonis, no podemos negarlo. Son hegemónicos, pero también se destaca su trabajo como actores. Las miradas, los miedos trasmitidos en pequeños gestos, las escenas de sexo intenso, los climas generados dan cuenta del manejo de sus personajes, casi que nacieron para ello. 

    5. El romance que florece 

      La serie tiene muchas escenas de sexo (sin imágenes de genitales, digamos la verdad, todo por obra y gracia de la “coordinadora de intimidad”, que logró que no se viera nada de nada). Sin embargo, lo más interesante, el corazón de la historia, es el romance que nace a lo largo del tiempo. Cuando comienzan a compartir intimidad, es decir, se llaman por sus nombres de pila, Rozanov le hace un tuna melt a Hollander, y le cuenta que su padre está enfermo, en la suma de todo eso algo cambia en ellos. Hollander no puede con lo que siente y tiempo después, luego de la muerte del padre de Ilya (un señor ruso bastante nefasto), nuestros protagonistas ya no se despegan fácilmente. En el episodio 5, una obra de arte de la televisión, se enteran de que Scott Hunter, otro goleador de la liga, es gay (esto ocurre en la final, cuando Hunter levanta la copa del campeonato y llama a su pareja a festejar con él en el medio del campo de juego). Una frase de Rozanov resuena ante todos los espectadores: “I’m coming to the cottage”. Ilya acepta pasar las vacaciones de verano en la cabaña de Shane. Al fin un tiempo solos. Esta escena se volvió viral en redes, con toda clase de videos recreando el momento. 

      6. La situationship que sí

      Para despejar dudas, el concepto de situationship se refiere a una relación íntima que no tiene definiciones claras, ni una idea de futuro, ni de compromisos. En los últimos años, donde el amor romántico ha sido, al menos, cuestionado, aparecieron nuevas etiquetas para rotular vínculos y actitudes: ghosting, lovebombing, etc. La situatioship suele vincularse al miedo al compromiso de al menos una de las partes. Shane e Ilya vivieron una situationship durante casi ocho años hasta que admitieron que algo más pasaba entre ellos. Cuando se dicen “te amo” y planean la forma de salir a la luz, con todos los problemas que implica ser gay en el mundo del deporte y en el hockey especialmente, se concreta la fantasía de muchos y muchas en la vida real. ¿Quién no ha experimentado una situationship a lo largo de su vida? Un vínculo que no tuvo una concreción en el marco de lo formal (¿qué hubiera pasado si…?). Para esto pagamos Internet. Para que los sueños se vuelvan realidad.

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